El tratamiento que ayudó a Laia a eliminar las marcas de acné de la piel

Laia llegó al Instituto Benito con una idea muy clara: quería cuidar su piel y tratar las marcas que le había dejado el acné. No buscaba un cambio radical, sino un tratamiento que le ayudara a mejorar la textura, la hidratación y la uniformidad del rostro, sin perder naturalidad.
Su objetivo era ir más allá de la estética. Para ella, cuidarse la piel también forma parte del bienestar personal, porque sentirse bien por dentro y por fuera puede influir en la autoestima y en la manera de mirarse al espejo.
Un protocolo pensado para pieles con acné
El tratamiento que le propusieron combina dos técnicas: por un lado, el láser fraccionado no ablativo, y por otro, la infiltración de polinucleótidos. Según explican en el material, esta combinación busca estimular la producción de colágeno y elastina, reparar cicatrices, regenerar la piel y mejorar su luminosidad y uniformidad.
Además, en el vídeo se detalla que el láser se aplica en todo el rostro para ayudar con las cicatrices del acné, cerrar poros, controlar el sebo y mejorar los brotes activos. Los polinucleótidos se añaden como refuerzo para restaurar una piel que ha sufrido por acné o por cambios hormonales.
Una experiencia más llevadera de lo esperado
Uno de los miedos más habituales en este tipo de tratamientos es el dolor, pero Laia cuenta que la experiencia fue mucho más cómoda de lo que imaginaba. Ella misma reconoce que le habían dicho que el láser y las agujas podían ser bastante molestos, aunque en su caso la combinación de frío, crema anestésica y otros recursos de apoyo hizo que todo resultara “casi indoloro”.
Al terminar la sesión, describió la sensación como si “hubiera pasado algo” en la cara, pero se mostró muy contenta y con muchas ganas de continuar. También explicó que el plan contempla cuatro sesiones, espaciadas aproximadamente cada 21 o 30 días, y que los primeros cambios suelen empezar a notarse a partir de la segunda.
Cuidarse por dentro y por fuera
Laia deja una idea muy clara en su testimonio: la medicina estética no está reñida con quererse a una misma. En su caso, acudir al tratamiento no responde a una inseguridad extrema, sino al deseo de mejorar aquello que le preocupa y de seguir cuidando su imagen con naturalidad.
Su mensaje encaja con una visión cada vez más habitual: tratar la piel no es solo una cuestión de apariencia, sino también de bienestar, confianza y autocuidado. Y para ella, dar ese paso ha sido una decisión ilusionante, tranquila y muy esperada.
