La otoplastia comienza con pequeñas incisiones generalmente realizadas detrás de la oreja, en el pliegue natural donde se une a la cabeza, lo que permite que las cicatrices queden poco visibles. A través de estas incisiones, el cirujano accede al cartílago auricular para remodelarlo o reposicionarlo según sea necesario.
Una vez expuesto el cartílago, se realizan técnicas específicas para reducir la prominencia de las orejas, mejorar su simetría o redefinir los pliegues naturales, acercándolas a la cabeza cuando están muy separadas. En algunos casos se retira una pequeña cantidad de cartílago o se utilizan suturas internas para mantener la nueva forma.
Finalmente, la piel se vuelve a colocar en su posición, se cierran las incisiones con suturas finas y se coloca un vendaje o banda compresiva alrededor de la cabeza, que ayuda a proteger las orejas y mantener su nueva posición durante los primeros días de cicatrización.
El objetivo no es solo "pegar" las orejas, sino buscar una proporción natural con el resto del rostro.