El postoperatorio de un injerto capilar es generalmente sencillo y ambulatorio, pero requiere seguir ciertas recomendaciones para favorecer la correcta cicatrización y el crecimiento de los folículos implantados.
Durante los primeros días, pueden aparecer pequeñas costras, enrojecimiento o ligera inflamación en el cuero cabelludo. Se recomienda evitar tocar o rascar la zona tratada, dormir con la cabeza ligeramente elevada y seguir las indicaciones de lavado que indique la clínica.
En la primera o segunda semana, las costras suelen desaparecer y el cuero cabelludo comienza a recuperarse. Es aconsejable evitar el ejercicio intenso, la exposición directa al sol y actividades que puedan provocar sudoración excesiva o golpes en la zona tratada.
Entre las 2 y 4 semanas, el cabello implantado puede caerse temporalmente, un proceso normal antes de que los folículos comiencen a producir nuevo cabello. El crecimiento suele empezar a notarse a partir de los 3 o 4 meses, y el resultado final se aprecia aproximadamente entre los 9 y 12 meses después del procedimiento.